La reflexión del domingo

Os dejamos la reflexión de José Carlos


Esta escultura de la Trinidad Misericordiosa nos evoca el misterio de Dios. El Dios que pone en su centro al ser humano abatido, empobrecido, dolorido... El Padre lo abraza desde arriba. El Hijo lo sirve desde abajo, curando sus heridas, lavandole los pies. El Espíritu, que insufla su aliento para que se levante y siga su camino. 
Esta Trinidad misericordiosa borra algunas imágenes inadecuadas de Dios.
Dios no es el Dios terrible y castigador que se enseñaba hace años en algunos catecismos, sino, amor por el ser humano, ternura inagotable, abrazo festivo...
Tampoco es ese Dios controlador de todo que marca la existencia humana a su capricho; un Dios que incluye el mal en su agenda, porque lo permite. 
El Dios de Jesús no quiere el mal del ser humano, al contrario, desea la gloria del hombre. La muerte, el dolor, no están en su agenda. Pertenecen a la agenda de la naturaleza, a la agenda humana que a veces esta controlada por el mal. El Dios de la misericordia, es también el Dios de la vida, el Dios que ofrece siempre perdón para quien se arrepiente, y vida para quien la busca. 
Jesús nos ha mostrado a su Padre en esa parábola magnífica llamada del "Hijo prodigo", o del Padre que perdona. El Dios de la vida, nos da lo que tiene, sin eliminar nuestra libertad para elegir, nuestra responsabilidad para construir la ciudad terrena desde su deseo de fraternidad.
Jesús entregó su vida para que todos tuviéramos vida en abundancia. Esto nos tendría que animar a eliminar frases de nuestro vocabulario tales como: "Dios lo habrá querido" cuando perdemos un ser amado. Dios no desea la muerte de nadie, ni el dolor, ni la guerra...Evitar todas esas cosas es responsabilidad nuestra. Ante la muerte inevitable, Dios nos regala lo que la naturaleza nos niega: una vida para siempre, un Reino que no tiene fin, una justicia que no tiene fisuras, una alegría que nunca termina.

José Carlos

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