Segunda semana de Adviento: “Renovar el corazón en la Luz del Hijo”
El Adviento es un tiempo especial. Es un viaje que hacemos cada año para prepararnos a recibir a Jesús. Cuatro semanas llenas de ilusión, esperanza y pequeñas luces que nos guían hasta el portal de Belén. Cada día que pasa, nos acercamos un más al momento más bonito del año: el nacimiento del Niño Jesús
SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO:
“Renovar el corazón en la Luz del Hijo”
La segunda vela del Adviento se enciende, y junto a la primera, su luz hace que todo brille con más fuerza. Poco a poco, el camino hacia Belén se ilumina.
Esta semana, Jesús nos invita a algo precioso: renovar el corazón en su Luz. Renovar el corazón es como abrir las ventanas de una casa que lleva mucho tiempo cerrada. Entra el aire fresco, se cuela el sol y todo parece diferente. A veces, sin darnos cuenta, nuestro corazón se llena de cosas que lo apagan. Pero la luz del Hijo viene para cambiarlo todo desde dentro. Jesús no nos pide ser perfectos, solo que dejemos que su luz entre en nosotros. Él sabe que cuando su amor toca nuestro corazón, todo se transforma. Lo que era gris se vuelve color, lo que estaba roto se repara, lo que parecía imposible florece otra vez.
En esta semana nos acompañan personas sencillas: hombres y mujeres del pueblo que viven de su trabajo diario, que preparan, comparten, construyen, ayudan y confían. Cada uno de ellos representa un modo distinto de renovar la vida desde lo cotidiano. Sus manos, su esfuerzo y su fe hacen que la llegada de Jesús no sea un sueño lejano, sino algo real, que se construye día a día.
Este domingo nos invita a mirar dentro de nosotros y preguntarnos: ¿Hay algo que necesito cambiar? ¿A quién debo perdonar? ¿De qué quiero liberarme para dejar sitio al amor?
El Adviento es tiempo de limpiar, de sacar el polvo de las cosas del alma y dejar espacio para la alegría que llega con el Niño Dios. Si lo hacemos, su luz encontrará un lugar hermoso donde habitar: nuestro propio corazón.
Así que, al encender esta vela, deja que su brillo te recuerde que siempre puedes empezar de nuevo. Cada día es una oportunidad para que Jesús te ayude a ser más bueno, más alegre y más luminoso. Su luz te está buscando… ¡abre tu corazón y déjala entrar!
Oración:
Jesús, ayúdame a cambiar lo que no te gusta de mí. Hazme más bueno, más alegre y más generoso. Amén.

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